11 Feb 2013

Cuatro comienzos en busca de autor

22 Comments Ensayo, General, Novela


La mayoría de la gente que conozco lee la contraportada antes de comprar un libro.

Yo no lo hago jamás.

Es un pérdida de tiempo: las contraportadas son para los que quieren que el departamento de márketing les convenza. ¿Qué esperan encontrar ahí? Sólo habrá elogios que encumbran ese libro particular como el texto definitivo, la última frontera de la narrativa, una obra incomparable. Incluso la trama resumida será atractiva: dadle Ulises a un experto en copywriting y lo venderá por la trama; es su trabajo, y sabe hacerlo.

Lo que va en la contraportada es un texto de venta: apela al comprador, no al lector, porque es publicidad, no lectura.

Yo abro el libro por la primera página y empiezo a leer. Ese texto sí es producto del trabajo del escritor. Y quiero que su trabajo me lo venda él, quiero que sea él quien me convenza con su voz y sus historias.

Pero una escritora novel afirmaba hace poco que no se podía leer un libro en tres días y que tampoco se podía sacar un juicio sobre el mismo sin haberlo leído entero.

Discrepo en ambos puntos, pero del primero no hablaré aquí; esta entrada es sobre el segundo.

¿Cuánto tiempo es necesario para establecer un juicio firme sobre una obra? ¿Cuántas páginas es necesario leer para decidir si un libro es bueno o malo?

Son preguntas complicadas que no tienen una respuesta única, pero en gran parte de los casos bastan unas líneas para sacar algunas conclusiones. Como hay muchos lectores como la escritora novel de arriba, os propongo un ejercicio que se puede hacer con cualquier libro y que, de manera inconsciente, no verbalizada, es parte del proceso lector.

Analicemos unos cuantos comienzos de novelas.

Con esta entrada también quiero cubrir de forma rudimentaria una petición habitual de muchos lectores a la que no atienden gran parte de los intelectuales.

Los intelectuales afirman que Shakespeare es mejor lectura que Dan Brown, pero no lo explican o aportan pruebas. Se reirán al leer esta última frase (¿no es evidente?, dirán). Sospecho que ellos nacieron sabiendo. Los demás, no. Y lo que sabemos, o nos lo ha enseñado alguien o lo hemos aprendido poco a poco, con mucho esfuerzo. Nunca viene mal una mano que nos ayude en el camino.

No hablo aquí de gustos o preferencias, sino de calidad. No se puede comer caviar todo el día, pero tampoco vivir a base de hamburguesas. Lo importante es saber distinguir entre ambos y hacer la elección de forma consciente. Tampoco hablo, desde luego, de éxito de ventas: una mala novela puede vender millones de ejemplares. De hecho, se diría que es la norma.

Las primeras líneas dicen mucho de un texto, más de lo que pueda parecer a simple vista. Como poco, establecen el tono y el ritmo de lectura, el estilo del autor, el género de la obra, quizá incluso la temática concreta y casi siempre presentan al protagonista o a algunos personajes. Un escritor debe conseguir en el inicio que decidamos seguir leyendo, debe establecer una relación de confianza con el lector y debe marcar con esos párrafos una impronta de competencia y expectativas que no ha de traicionarse más tarde.

Son, por tanto, vitales.

Los comienzos que he seleccionado no son completamente reveladores, perfectos o nefastos. Es una decisión consciente, porque enseñar comienzos como de Cien años de soledad sería un error: es un arranque al que casi ningún escritor tiene alcance y que cualquier lector medio reconocería como excelente.

He reservado hasta el final de la entrada la información sobre el autor y la obra de cada uno para, en la medida de lo posible,  no condicionar la lectura del análisis.

1. Primer texto.

“La mayoría de las chicas guapas de verdad tiene unos pies bastantes feos, y así son los de Mindy Metalman, advierte Lenore de repente”.

No hay palabras difíciles en esta primera frase. Más bien al contrario. Parece una frase simple. Tonta, incluso. Pero es un engaño, porque en veinticuatro sencillas palabras tenemos:

– El nombre de dos personajes (Mindy y Lenore).
– El apellido de una de ellas (Metalman). Es un apellido sencillo de recordar, distintivo, con una aliteración que facilita que la asociemos con el nombre (Mindy Metalman).
– El sexo de los dos personajes (ambas son mujeres, o eso se deduce por el momento).
– Una estimación de su edad. Lenore habla de “chicas”, lo que es típico de jóvenes entre 15 y 30 años. Si fuera menor, diría “niñas”, y si fuera mayor, “mujeres”.
– Una descripción general de una de ellas. Mindy es “guapa de verdad” y además tiene “pies feos”.
– Un percepción memorable y aguda. Sea cierto o no, nos da que pensar que alguien afirme que las personas guapas tienen los pies feos. ¿Es cierto eso? No importa. Lo que importa es que con seguridad se nos quedará grabado. Quizá tratemos de comprobarlo la próxima vez que veamos a alguien guapo de verdad.
– La sugerencia inicial de que Lenore es una persona perceptiva.
– Una referencia a la ubicación de la historia (Lenore, Mindy, Metalman parece nombres anglosajones).

Puede que el autor nos engañe y luego indique que el caso de Mindy es distinto y que sólo tienen los pies feos sin nada de la presunta belleza de las chicas guapas de verdad, puede que Lenore sea nombre de chico, puede… que altere cualquier cosa. Pero aún así en esta frase está toda esa información para quien quiera leerla.

Hay más detalles que pueden analizarse (emplear “la mayoría” para no ser taxativo, incluir “de repente” cuando es posible que no fuera necesario hacerlo, etc.) pero no trato de ser exhaustivo.

La eficiencia comunicativa de este texto no es habitual. Sin más, con una frase corta y sin ruido, el autor ha sido capaz de marcar terreno y ganarse el respeto del lector además de transmitirle gran cantidad de información. Las siguientes frases (no incluidas) reforzarán esa impresión.

2. Segundo texto.

“En un momento en que nadie parecía prestarle atención, Bernat levantó la vista hacia el nítido cielo azul”.

Esta primera frase de dieciocho palabras aporta el nombre o apellido de un personaje (Bernat), cierto sentido de ubicación que se deduce del mismo (puede ser Cataluña) y desaprovecha una gran oportunidad. Comienza con una interesante premisa de tensión (“en un momento en que nadie parecía prestarle atención”) pero termina con una situación trivial y anticlimática (“Bernat levantó la vista hacia el nítido cielo azul”). Consideremos algunas alternativas.

Si en lugar de esto dijera:

“En un momento en que nadie parecía prestarle atención, Bernat vertió unas gotas sobre la copa.”

El lector estaría enganchado con el misterio. ¿La copa de quién? ¿Qué son esas gotas? Veneno, presumiríamos. ¿Morirá el dueño de la copa? ¿O descubrirán antes a Bernat?

O algo tan simple como:

“En un momento en que nadie parecía prestarle atención, Bernat cogió un tenedor de la mesa.”

¿Es un vulgar ladrón? ¿Es un tenedor de plata? ¿Es un niño con hambre? ¿Qué ocurrirá a continuación?

Sin embargo, con “levantó la vista hacia el nítido cielo azul“ hemos perdido el arranque inicial y lo diluimos para algo inútil en apariencia. No es excesivamente interesante que un personaje mire al cielo. No hay continuidad tensora con la siguiente frase.

Por otra parte, ¿cómo describe el autor ese cielo? Nítido y azul. Hay que preguntarse siempre cuánto aporta cada adjetivo. Por ejemplo, qué aporta que un autor use una palabra como “azul” para describir el cielo, sobre todo en consonancia con “nítido”. “Cielo nítido” o “nítido cielo” no suena demasiado bien, por lo que se justifica parcialmente que use el color para describirlo. La pregunta es, ¿por qué usar “nítido”? El lector presupone que el adjetivo importante (“nítido”) es necesario y por eso lo acompaña con “azul”. ¿Qué tal “Bernat levantó la vista hacia el cielo”? Perdemos ligeramente sin la descripción, pero no era  una descripción útil.

En todo caso la frase no es brillante y el comienzo parece cojear, pero démosle una oportunidad. No se puede condenar una novela por una única frase débil, aunque sea la primera. No es imprescindible que haya efectos especiales desde el comienzo.

La siguiente frase es:

“El sol tenue de finales de septiembre acariciaba los rostros de sus invitados”.

Bueno. El sol del nítido cielo azul es tenue. Cabe preguntarse si un sol tenue da como resultado un nítido cielo azul. Yo diría que no. Estamos a finales de septiembre. Bernat tiene invitados, por lo que puede que estemos en una fiesta o celebración.

No hay demasiada información en esta frase. Y van dos. Tampoco es una prosa destacable.

Por cierto, ¿para qué ha levantado Bernat la cabeza?

No parece un comienzo demasiado prometedor.

Las siguientes dos frases son:

Había invertido tantas horas y esfuerzos en la preparación de la fiesta que sólo un tiempo inclemente podría haberla deslucido. Bernat sonrió al cielo otoñal y, cuando bajó la vista, su sonrisa se acentuó al escuchar el alborozo que reinaba en la explanada de piedra que se abría frente a la puerta de los corrales, en la planta baja de la masía.

El autor no parece tener mucha prisa por contar la historia (lo que no es un defecto por sí mismo). Pero vemos que todo lo que habíamos deducido de las primeras frases está de nuevo contenido en estas dos. Si quitáramos aquellas y dejáramos sólo éstas, ¿no sería un mejor comienzo?

Había invertido tantas horas y esfuerzos en la preparación de la fiesta que sólo un tiempo inclemente podría haberla deslucido” es una excelente primera frase que el autor ha desperdiciado en favor de dos que no aportan nada. Hay relleno desde el comienzo. No hay problema por repetir ideas para reforzarlas, pero se percibe que el texto no está trabajado. Cualquier podría escribir esas frases y descripciones. El autor no es competente.

Por otro lado “sonrió al cielo otoñal y, cuando bajó la vista, su sonrisa se acentuó al escuchar el alborozo” es una estructura inepta falta de todo refinamiento. ¿No escuchaba acaso Bernat el alborozo mientras miraba al nítido cielo azul?

¿Sonrió al cielo otoñal? Ya sabemos que estamos en septiembre, ¿de qué me sirve la palabra “otoñal”?

¿Se acentuó su sonrisa?

¿En serio?

3. Tercer texto.

El “Recodo del Francés” era una extensión de rica tierra de aluvión situada a veinte kilómetros al sudoeste de Jefferson.

Un topónimo curioso, con historia (¿por qué se llamará “Recodo del Francés”?), una ubicación (veinte kilómetros al sudoeste de Jefferson) y una descripción cuando menos fresca (“rica tierra de aluvión”). No es la mejor primera frase de la literatura, ni es especialmente evocadora, pero no hay nada reprochable en ella. El tono es serio y firme.

Sigamos:

Aislado entre collados, bien individualizado y, sin embargo, carente de límites, hallábase empotrado entre dos condados sin depender de ninguno, había sido concesión y lugar originario de una enorme plantación antes de la guerra civil.

Del mismo modo que en la frase anterior, el autor incluye aquí una matización de época (estamos en la guerra civil estadounidense — recordemos: Jefferson — o después) y una descripción más elaborada. El escritor ya ha encajado  información sobre el pasado del terreno (“lugar originario de una enorme plantación”), algo de historia (“guerra civil” y “concesión”), y geografía física y política (“aislada entre collados”, “individualizado y sin embargo carente de límites”, “entre dos condados”). No hay ni una palabra inútil. No sobra ni una coma.

La estructura se complica. No es una frase sencilla, y el tono sigue siendo serio, recio. No parece una historia de humor y el autor parece ser exigente con el lector.

Las dos siguientes frases:

Sus ruinas — el cascarón desvencijado de una quinta monumental, con cuadras y corrales vacilantes, jardines, terrazas y paseos invadidos por la hierba — se denominaban aún el Viejo Francés a pesar de que su delimitación inicial, ahora, existía únicamente en viejos papeles amarillentos, guardados en las oficinas de la Cancillería del tribunal de Jefferson; y algunos de sus campos, que tan fértiles fueron, desde largo tiempo habían recobrado su estado virgen de cañaveral, moteado de cipreses, del que los había liberado el hacha de su primer dueño.

Vemos ahora que el autor se había estado conteniendo en las dos primeras frases para no avasallar al lector. Ha ido aumentando progresivamente la longitud y dificultad de cada sentencia y aquí ya desborda potencia narrativa. Sin tener que recurrir a ningún artificio nos ha introducido de lleno en una narración rica y compleja y nos deslumbra con un ritmo imparable mientras describe con maestría. Hay demasiado que contar de estas frases como para poder detenerme en ellas. Sólo apuntaré algo sobre dos palabras:

– “jardines, terrazas y paseos invadidos por la hierba“. No “cubiertos de hierba“, ni “con hierba“, ni “tapados por la hierba“, sino “invadidos por la hierba“. Una historia contenida en un solo verbo exacto: el paso de los años, el abandono y la lucha y victoria final de lo salvaje cuando la mano del hombre se retira, con tan sólo un sencillo verbo. Invadidos. Os invito a buscar uno mejor.

– “cuadras y corrales vacilantes“. Un adjetivo certero que resume de un plumazo inmediato. Nos los podemos imaginar temblorosos, a punto de caer, sosteniéndose piedra sobre piedra a duras penas. Si probamos a sustituir ese adjetivo por otro (“vacilante” por “tembloroso“, o por “inestable“), la frase pierde fuerza, cuenta menos, es menos evocadora. Menos perfecta.

Ejercicio: comparar con “nítido cielo azul”.

4. Cuarto texto.

Una línea solitaria de sangre se escurre por el pálido interior de su brazo, una costura roja en una manga blanca.

Es una frase interesante. Nos sitúa en una escena con cierto misterio (¿de quién es la sangre? ¿es una herida seria o sólo un pinchazo?) y la metáfora no es mala (“costura roja en una manga blanca”), aunque quizá sea algo recargada para el comienzo. No soy capaz de establecer de forma definitiva una opinión sobre este texto.

Las dos frases siguientes son:

Al principio, Alice cree que es una mosca y no le presta atención. Los insectos son un riesgo laboral en las excavaciones, y por alguna razón hay más moscas en los alto de la montaña, donde está trabajando, que en el yacimiento principal, allá abajo.

Ya empezamos a ver algo más claro. El nombre del personaje, Alice, no es especialmente original, pero tampoco tiene por qué serlo. De hecho, Alice es un nombre sencillo de recordar y empieza por “A”, la primera letra del alfabeto. Una estrategia simple, pero efectiva. La segunda frase no aporta mucho más.

Pero la tercera es definitiva.

El autor del texto ha empleado un recurso ridículo (una mosca) para enlazar la primera y la tercera frase. Habría que pararse a pensar cómo una costura de sangre que corre por un brazo pálido puede confundirse con una mosca, pero incluso haciendo un ejercicio de imaginación, vemos en la tercera frase la torpeza del escritor.

Los insectos son un riesgo laboral en las excavaciones“. Lo desconozco. De verdad. Pero me sorprende que las moscas sean un riesgo laboral en las excavaciones. Un incordio, seguro. Una molestia. Pero no un riesgo laboral. Aún así, siguiendo con nuestro acto de fe, nos preguntamos: si de verdad son un riesgo laboral, ¿por qué Alice dice en la frase anterior que “no le prestó atención“? ¿Son o no son un riesgo laboral? ¿No le prestamos atención a los riesgos laborales? Puede que Alice sea simplemente despistada, o una intrépida. Pero nada en el texto nos lo indica y, en cambio, nos hace dudar mucho sobre la capacidad del escritor: todo apunta a que ha enlazado de esta manera tan pobre sangre y mosca, solamente para decirnos de manera indirecta dónde estamos (en una excavación).

y por alguna razón hay más moscas en lo alto de la montaña, donde está trabajando, que en el yacimiento principal, allá abajo“.

Ok a las moscas. Parecen ir con el misterio de la sangre. Las moscas acuden a la sangre y puede que su mayor presencia en lo alto de la montaña tenga que ver con eso.

Pero de nuevo se ve la incapacidad a la hora de narrar la historia. Vamos a probar algunos cambios:

“Una línea solitaria de sangre se escurre por el interior de su brazo, una costura roja en una manga blanca. Al principio, Alice cree que es una insecto y no le presta atención: por alguna razón hay más moscas en lo alto de la montaña, donde está trabajando, que abajo en el yacimiento principal.”

Hemos ahorrado algunas palabras, hemos quitado la palidez del brazo (ya la resaltamos con la “manga blanca”), hemos eliminado el riesgo laboral — algo siempre deseable –, hemos facilitado la confusión de Alice (las moscas difícilmente pueden confundirse con líneas rojas, pero un insecto, algo más genérico, quizá), etc.

También hemos perdido la referencia a “excavación”. Pero manteniendo “yacimiento” se cubre la necesidad informativa. ¿Qué se hace en un yacimiento si no es excavarlo? Puede que muchas cosas, pero dado que el autor no lo menciona y sólo utiliza “excavación” y “yacimiento”; ambos elementos juntos son redundantes.

Los cambios que he realizado no son óptimos, pero evidencian que el texto original tampoco lo es. Demasiado… vacilante.

Conclusiones

Es relativamente simple deducir de las primeras frases o páginas de un texto si es prometedor, si encaja con una línea editorial, si está mal contado, si es exigente, si se ha trabajado o es un borrador, etc. Otros factores, como si la trama está bien resuelta o los personajes son creíbles necesitan más lectura, pero es coveniente recordar algo: que los libros están hechos de palabras, y que éstas hablan antes de que lo haga la historia.

Dos de estos textos son de autores superventas. Los otros dos, de escritores altamente respetados en el panorama literario mundial, uno de ellos Premio Nobel de Literatura.

Seguro que sabéis distinguirlos.

Textos:

– Texto 1: La escoba del sistema, David Foster Wallace.

– Texto 2: La catedral del mar, Ildefonso Falcones.

– Texto 3: El villorio, William Faulkner.

– Texto 4: Laberinto, Kate Mosse.


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22 Comentarios a “Cuatro comienzos en busca de autor”

  1. Reply The_Britguy says:

    Aprendo mucho con tus entradas, Pedro, desde que tuve la suerte de tropezar contigo por la red. Lástima las birras perdidas en aquella ocasión 😉
    Ahora tengo prisa y luego le daré más vueltas a los textos, pero así de repente, me han surgido unas pocas ganas de polemizar con respecto al último texto. Coincido contigo en tu ponderación positiva del léxico empleado a la hora de escribir, así como de una sintaxis determinada: son claves a la hora de enganchar a un lector con algo de músculo; eso no te lo voy a discutir, pero algunas de las conclusiones concretas que sacas me han sorprendido.
    1.- Es posible confundir la gota de sangre cayendo por un brazo con una mosca, pues la sensación es de cosquilleo tenue, a ratos continuo, a ratos discontinuo, en ambos casos. Creo que si no hay contacto visual, es posible confundirlo (el narrador nos lo describe, pero el personaje puede no haberlo visto). A mí me ha pasado 😉
    2.- Los insectos son un importante vector a la hora de transmitir enfermedades. La mosca tsé-tsé es una mosca, y transmite la enfermedad del sueño, por poner el ejemplo más inmediato. Hay margen para decir lo que el autor dice sin merecer una descalificación tan acentuada como la que muestras, en mi opinión. Otra cosa es que se pueda mejorar dándole otra (o más) vuelta al texto.
    Bueno, tengo que marchar al curro, que voy tarde, pero no pude contenerme en comentarte. ¡Un abrazo!

    • Reply admin says:

      Polemiza, que es gerundio, y así podemos mejorar todos 🙂

      Ok, son buenas apreciaciones. Ahondemos más en ellas.

      “Es posible confundir la gota de sangre cayendo por un brazo con una mosca, pues la sensación es de cosquilleo tenue, a ratos continuo, a ratos discontinuo, en ambos casos. Creo que si no hay contacto visual, es posible confundirlo (el narrador nos lo describe, pero el personaje puede no haberlo visto).”

      Correcto, pero el texto gira en torno a la sensación visual de Alice (una costura roja en una manga blanca), no en torno a la táctil (notó un ligero cosquilleo recorriendo su manga). Este problema es muy habitual en los autores noveles y este texto es especialmente deudor de esa técnica: me quedo con lo más llamativo, encaje o no. Es más atractivo hablar de colores y de imágenes visuales que hacerlo de presiones y cosquilleos, pero no es coherente con el resto del texto. Si no hay contacto visual, no es lícito que no ponga pistas visuales: eso es engañar al lector.

      “Los insectos son un importante vector a la hora de transmitir enfermedades. La mosca tsé-tsé es una mosca, y transmite la enfermedad del sueño, por poner el ejemplo más inmediato.”

      Correcto también, pero la autora dice textualmente “Alice cree que es una mosca y no le presta atención”. Basándonos en lo que ha escrito, su texto no tiene coherencia. Si son un riesgo (transmisión de enfermedades, p. ej.), ¿por qué la ignora? Y sobre todo, ¿por qué son un riesgo laboral “en las excavaciones”? ¿En todas? ¿O sólo en las de clima tropical, por ejemplo? Y si es en las de clima tropical sólo, ¿no debería decir “en las excavaciones como aquella” o “en las excavaciones tropicales”? Ser taxativo como ha sido la autora implica que en todas las excavaciones del mundo las moscas son un riesgo laboral, y sin ser un experto, me surgen dudas al respecto. ¿No debería matizarlo?

      ¡Gracias por comentar!

      • Reply The_Britguy says:

        Sí creo que debiera matizarlo más, estoy de acuerdo contigo. La autora está estableciendo un doble diálogo con nosotros: a través del personaje y a través del narrador, y el resultado no es muy fino. Me explico: tanto la descripción de la costura roja, como la aclaración de la peligrosidad de los insectos no proviene de Alice, sino del narrador, como si fuera un plano de una película, desde fuera.
        Al menos es como lo entiendo yo, claro está. Un texto más matizado evitaría esta diferencia de apreciaciones, por lo que lo convertiría en, además, más adecuado. Supongo que la intención de la autora es la que tú marcabas: buscar ser más llamativa en las descripciones, a pesar de que lo haga a través de esos dos niveles de diálogo (narrador y personaje) con nosotros que se confunden.
        No me des las gracias por comentar, ¡que te debo un montón de comentarios!

        • Reply admin says:

          100% de acuerdo. Es recomendable sacar a relucir estos matices porque además de que yo no los he contado todos ni tampoco pretendo haberlos detectado, los ejemplos fueron elegidos con vistas a poder sacar defectos en ambos sentidos. Ni los dos “buenos” son perfectos, ni los dos “malos” son totalmente incompetentes. El de Kate Mosse por ejemplo tiene el atractivo de que resulta llamativo: son todo “efectos especiales”, y el de Falcones es fácil de leer, lo da todo tan masticado que basta pasar la vista para entenderlo. Los dos “buenos” requieren algo de interpretación, detenimiento, etc. y no son “espectaculares” si uno pasa rápido sobre ellos.

          Comparemos con el comienzo de Ábsalom, Ábsalom:

          “DESDE LAS DOS, aproximadamente, hasta la puesta del sol, permanecieron sentados, aquella sofocante y pesada tarde de septiembre, en lo que la señorita Coldfield seguía llamando «el
          despacho» por haberlo así llamado su padre: una habitación cálida, oscura, sin ventilación,
          cuyas ventanas y celosías continuaban cerradas desde hacía cuarenta y tres veranos, porque,
          allá en su niñez, alguien opinaba que el aire en movimiento y la luz producen calor, mientras
          que la penumbra resulta siempre más fresca.”

  2. Reply Odo says:

    “Pero una escritora novel afirmaba hace poco que no se podía leer un libro en tres días y que tampoco se podía sacar un juicio sobre el mismo sin haberlo leído entero.”

    Supongo que dependerá del caso, pero mi impresión es se puede leer perfectamente un libro en tres días y también se puede valorarlo sin haberlo leído entero (especialmente si es muy malo).

    • Reply admin says:

      Como digo, eso es tema de otro post 🙂
      En efecto, la mayoría de los libros se pueden leer en menos de tres días. Si un libro medio se tarda 10 horas en leer, bueno, parece que se podría leer en un solo día.

      Y un libro malo, estamos de acuerdo, se detecta mucho antes. Esta entrada trata de evidenciar que hay muchos más detalles que sacar a la luz antes de llegar a la palabra “Fin” y que pueden hacer que un lector abandone pronto la lectura.

  3. Reply Carlos says:

    Muy, muy buena entrada. Estoy de acuerdo contigo en todos los análisis.

    Creo que a la hora de escribir es mejor no obsesionarse con la primera frase, porque se corre el riesgo de querer sobreimpactar. Las frases de Absalom, Absalom son una muestra de dominio técnico pero sin exceso, tan neutra que bien podría ser ensayo. A esto me refiero con no obsesionarse, porque el resto de la novela es bien impactante. Vamos, que con la primera frase no tienes ni idea del follón en el que te has metido abriendo esa novela.

    Una frase sobreimpactante: “Los chiquillos llegaron temprano para el ahorcamiento”. Nada hace pensar que lo que sigue es un una tortura intelectual de 1040 páginas donde cada frase es tan artificialmente impactante como esta. Esto es tan fácil de hacer que lo deben de enseñar en todos los talleres de escritura creativa que en el mundo son.

    • Reply admin says:

      Exacto Carlos. De nada sirve que sólo se trabaje la primera frase o la primera página si el resto del texto no va acompasado. Sí, puede que se convenza al lector para comprar el texto, pero después se sentirá estafado. Es mejor un comienzo contenido a uno deshonesto.

  4. Reply JM says:

    Magnífica entrada Pedro, coincido totalmente con tu análisis, y con Carlos, y no hablemos del tocho de continuación del señor KF. Lo tengo tachado desde entonces, plagiarse a si mismo tendría que ser delito.

    • Reply admin says:

      Uf, JM, lo de Follet es de traca. A mí me gustaron los pilares de la tierra, pero el segundo libro es de los mayores truños que recuerdo.

  5. Reply Santeorolo says:

    No acostumbro a practicar la crítica literaria y prefiero no colaborar con ninguna argumentación, pero la entrada me ha parecido muy interesante. Y además me ha gustado.

  6. Reply Koreander says:

    Muy buen artículo. Es cierto lo que dices, pero incluso con las primeras páginas hay que tener cuidado, pues es bien sabido que la mayoría de autores cuidan mucho más el estilo en los primeros párrafos que en el resto de la historia. Por eso mucha gente propone curiosear un poco más avanzado el libro, para ver cómo será la escritura y el estilo que nos encontraremos en la novela.

    En el blog ‘Página en blanco’ hablaban del test de la página 99:

    http://www.papelenblanco.com/animacion-a-la-lectura/para-saber-si-te-gusta-un-libro-lee-la-pagina-99

    • Reply admin says:

      Totalmente de acuerdo, Koreander. Mi idea no era analizar los comienzos per se, sino a raíz de los comentarios de la escritora de la que hablo. Se puede sacar mucho de cualquier parte de un libro y el método de la página 99 (o la que sea) es tan bueno como cualquier otro.

  7. Reply Cifu says:

    Pedro, me ha gustado mucho esta entrada. Es curioso toda la información que se puede obtener de un libro y de su autor en tan pocas líneas.
    Yo normalmente suelo leer la contra portada para ver de que trata el libro. Busco ahí un pequeño resumen de la historia, no el saber sí el libro o el autor es bueno,y yo creo que es lo todo el mundo busca. Otra cosa es como tu dices que leyendo la primera página puedas obtener la información necesaria sobre a calidad literaria de autor , pero eso ya es otro tema.
    Bueno, lo dicho , que he disfrutado leyéndolo y espero que sigas regalándonos entradas tan buenas com esta.

    Por cierto, recuerdo que la última vez que nos vimos hablamos justo de este tema, te acuerdas? Jejej

    Un abrazo

  8. Reply admin says:

    Me alegro 🙂
    Se puede sacar mucho más. Esto es un análisis básico que con un poco de detenimiento cualquiera puede realizar. Como ves no hay nada muy extraño o rebuscado en lo que cuento, basta con leer con calma; leyendo rápido se pasan por encima muchos detalles.

    Lo que comentas de la contraportada es lo habitual, el raro soy yo 🙂 Al final la trama es más o menos indiferente para mí. Y, por otro lado, cada vez leo menos libros que “descubro” en la librería: normalmente compro los que voy buscando.

    Gracias por comentar, me alegra que te haya gustado la entrada jeje Sí que recuerdo la charla y tus dudas son más comunes de lo que crees. Algo de motivo hay en eso para hacer esta entrada 🙂

    Un abrazo.

  9. Reply ucronic says:

    Te agradezco muchísimo la dedicación que requiere un post de esta calidad. Unos cuantos mas y los podremos encuadernar en plan “curso de escritura”. En serio, este tipo de comentarios ayudan mucho a los que estamos empezando a escribir. Todo lo que dices se puede extrapolar a cualquier tipo de descripción y ayuda a objetivar las intenciones, lejos del tópico “la creatividad no se enseña” que suele esconder incapacidad docente.

    • Reply Pedro says:

      Gracias ucronic. No creo que sea para tanto jaja pero me alegra sinceramente ver que sirve para algo y para alguien. Con eso me basta; ése era el objetivo.

      Bienvenido al blog.

  10. Reply Tamara Romero says:

    Dos grandes comienzos: ‘A Sangre Fría’ de Truman Capote y ‘La Campana de Cristal’ de Sylvia Plath

  11. Reply Telemaco says:

    Yo soy de la opinión de que sí es posible formarse una idea de un libro bastante acertada sin leerlo entero. Basta con ojearlo un poco. Por lo demás, enhorabuena por un post excelente y de una gran calidad. Se aprende mucho leyendo tus reseñas.

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