02 Oct 2012

¿Qué es poesía?

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Me gustan los libros. Los compro. Los acumulo. Los leo. Los anoto. Unos pocos, los reseño.

Me gusta leer y leo siempre que puedo. Pero no leo todo lo que me gustaría.

¿Hay algún amante de los libros que lo haga?

Por cada libro que leo, otros diez se amontonan. Un libro lleva a otro y ése a cien más, a través de referencias, citas, influencias, conversaciones… Un libro no es sólo un viaje, sino también un ticket hacia la siguiente estación desde la que poder viajar, con otros libros, a otros lugares.

Pero cuanto más viajo, más quiero viajar. Más rápido quiero alcanzar la siguiente parada para elegir nuevo destino. Se da la paradoja de que quiero terminar cuanto antes un buen libro para coger otro buen libro, que querré terminar cuanto antes para…

¿Hay mayor estupidez?

— o —

Me gusta escribir. Mantener un blog es un agradecido sucedáneo, como escribir en miniatura: un ejercicio manejable, con pocas demandas. Nadie te exige; nadie te paga; a veces, nadie te lee.

Una novela es, en cambio, una bestia diferente, mitológica: quimera primero, más tarde medusa. Minotauro al final. No hace falta talento alguno para domesticarla; tan sólo perseverancia. Con esfuerzo, se consigue.

Hace tiempo comencé a escribir una novela. Queda poco para que acabe el primer borrador. Cuatro, cinco meses a lo sumo.

Después, toca empezar de nuevo. Revisarla por completo. Eliminar tramas, fusionar otras, alterar escenas, incorporar nuevos personajes. Creo que es un trabajo duro; tengo confianza para abordarlo.

Pero hay un límite. Un muro. Una última barrera.

No sé escribir.

Poner ideas sobre el papel o la pantalla no es escribir: es mecanografía. Escribir es algo más.

Escribir es esto:

“En Londres, a principios del mes de junio de 1929, el anticuario Joseph Carthapilus, de Esmirna, ofreció a la princesa de Lucinge los seis volúmenes en cuarto menor (1715-1720) de la Ilíada de Pope. La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y de inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Ilíada halló éste manuscrito.

El original está redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión que ofrecemos es literal.”

O esto:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”

O esto:

“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.”

Escribir, para mí, es escribir así. Si no sientes un escalofrío al leer cualquiera de esos párrafos, créeme, estás muerto por dentro.

Las ideas se venden baratas. Abundan. ¿Quién no tiene ideas para una novela? Las historias son variaciones infinitas sobre los mismos temas con arquetipos similares. Golpea una piedra y tendrás una trama sobre la que trabajar. Si la pules lo suficiente, tendrás una buena historia. En mayor o menor medida, cualquiera puede lograrlo.

Escribir bien, por el contrario, es un raro talento.

Quizá yo sepa poner palabras en fila, como hormiguitas negras, pero no sé escribir. Ni de lejos. No pretendo engañar a nadie: el nivel de Borges, Márquez o Marías no espero alcanzarlo. Con los dioses no se juega. Pero como proyecto de escritor que soy, detecto la pobreza en lo que escribo, percibo que mis modestos artículos ensucian la red, sé que mi incapacidad me impide contar mejor las cosas, en menos espacio y con mayor riqueza. Con toda honestidad, no puedo criticar los libros mal escritos mientras yo produzco uno.

Mi prosa carece de muchos atributos. El que yo querría otorgarle es quizá el más esquivo: a mi prosa le falta magia.

— o —

Esta confluencia de problemas es algo sobre lo que llevo tiempo reflexionando. Mi vertiente lectora se está perjudicando por una urgencia que nadie me impone; mi lado creativo necesita un impulso vital que haga que crezca hasta un estadio muy superior.

Sin saber muy bien cómo, hace unas semanas alcancé la misma solución para ambos obstáculos: la poesía.

Leer poesía no requiere largo tiempo, ni semanas de dedicación, pero sí atención y pausa. Una poesía se consume en minutos y se disfruta durante el resto de la vida. Se puede memorizar. Se puede estudiar en detalle. Cada palabra. Cada acento. Detenidamente. Sin prisas: no acepta otro ritmo. Justo lo que necesito.

Espero que este reposo lector se filtre dentro de mí y me ayude a calmar la creciente y estéril ansiedad, transformándola de nuevo en lo que siempre ha sido y siempre ha debido ser la lectura: un paladeo, no una ingesta.

Los poetas son escritores excelsos. En verso y en prosa. Capaces de inventar la palabra exacta, de conjurar imágenes gloriosas, de ofrecernos lo sublime. Sin la esclavitud de la trama. En ocasiones, casi sin contenido. Música hecha verbo, forma limpia, ritmo puro.

Quiero aprender de ellos.

Escribir poesía es un reto. Nunca lo he intentado, pero asumo de antemano que mis resultados serán catastróficos. No importa: me ayudarán. Si algo de la magia de la poesía prende en lo que escribo, me daré por satisfecho.

Si no, buscaré otra vía. Acepto sugerencias. Y compañía.

¿No es hermoso cuando comienzas? Una charla, una amistad.

Para mí, eso es poesía.

PD. Ésta es la entrada más personal que he escrito desde que arranqué el blog. Por el mismo motivo, es la más inútil. Aún así, necesitaba escribirla: acepta mis disculpas. Y descuida: a excepción de la pequeña versificación del último párrafo, no te atormentaré aquí con poemas pésimos.


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