07 Mar 2012

Diez problemas de Kindle

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Hace ya bastante tiempo que tengo un Kindle, el lector de libros electrónicos de Amazon. En esta entrada, mencionaba muchas de las grandes ventajas que ofrece y algunos de los motivos por los que me convenció para pasarme a los libros electrónicos.

No he cambiado de opinión en todo este tiempo, pero es bueno poner las cosas en contexto y ser capaces de tener (cierto) espíritu crítico ante todo. Por eso me ha parecido oportuno resaltar en esta nueva entrada diez de los problemas que tiene Kindle, aunque muchos de ellos son extensibles a todos los ereaders.

1. Kindle falla

Como todo dispositivo electrónico, está sujeto a fallos: desde reinicios inesperados hasta “cuelgues” que no permiten pasar la página. No hablo de manera teórica: me ha ocurrido en diversas ocasiones, y es muy molesto.

Frente a esto, un libro tradicional no falla jamás y siempre está listo para ser leído. Y no necesita ser actualizado…

 

2. Tiene batería

La duración de la batería de Kindle es muy buena. No recuerdo las cifras precisas de autonomía, pero seguro que está en torno a las miles de cambios de página. Esto quiere decir que un lector normal no recordará que el dispositivo tiene que recargarse hasta que lea varios libros.

Pero antes o después tendrá que hacerlo.

No hay nadie que encuentre extraño tener que recargar un móvil: es algo cotidiano. Sin embargo, tener que recargar “un libro” es algo totalmente ajeno a nuestra experiencia, y no tenemos la misma precaución con el cargador de Kindle.

Cuando la batería se acaba mientras estamos leyendo no sólo se rompe el ritmo de lectura, sino que puede que no nos hayamos llevado el cable cargador y nos quedemos durante varios días sin poder leer (en vacaciones, por ejemplo, o si estamos de viaje).

Un Kindle a punto de descargarse, el olvido de los cables y un largo periodo fuera de casa con todos los libros dentro del ereader puede ser una conjunción nefasta e inolvidable…

 

3. Los libros que compras no son tuyos

Esto puede resultar chocante a los que no sepan de qué hablo. ¿Cómo no van a ser tuyos? Pues esa es exactamente la realidad con los libros que se compran para Kindle.

Los libros comprados en Amazon tienen el formato propietario de Amazon (AZW en versiones antiguas), y vienen con protección anticopia, el famoso DRM.

Esta protección anticopia representa en efecto que es Amazon quien decide no solo dónde puedes leer el libro (en sus dispositivos), sino a quién puedes dejárselo, cómo y por cuánto tiempo. Amazon hace fácil el préstamo entre usuarios del mismo tipo de ereader (no lo he probado, sólo he leído cómo funciona) pero si quieres dejar tu libro a un usuario de otro ereader y no quieres dejarle además tu Kindle, ¡ups!: no es posible.

Y si mañana te cansas de Amazon y quieres otro lector de libros diferente, no puedes llevarte tu biblioteca: tendrás el problema “equivalente” a pasar de VHS a DVD.

Por descontado existen soluciones técnicas (no autorizadas por Amazon, claro) para eliminar la protección de estos libros, pero no deja de ser paradójico que tengas que “piratear” los libros que has comprado para poder utilizarlos como quieras.

(Nota: Adicionalmente, el contrato que “firmas” con Amazon es de alquiler. Tienes una licencia para leer los libros, pero no son de tu propiedad. Y este caso lo demuestra.)

4. Amazon te controla

Puede que esto no sea preocupante para muchos, pero la invasión de la privacidad y algunos problemas que ya han ocurrido hacen que los propietarios de Kindle deban analizar las implicaciones de lo que supone utilizar el aparato.

Los dispositivos Kindle tienen la capacidad, mediante Wifi o 3G incorporada, de conectarse a los servidores de Amazon para sincronizar información. Cuando se compra un libro a través de la página Amazon.es, no es necesario hacer nada especial para tenerlo en Kindle: basta con tener su wifi encendida y pulsar la opción para sincronizar. El aparato descargará la compra automáticamente en unos segundos (y esta es una de sus mejores virtudes).

Sin embargo, la sincronización no es unidireccional: el aparato también envía información a Amazon: desde los párrafos que has subrayado hasta el contenido de la biblioteca. El detalle preciso de lo que se intercambia solo lo conoce Amazon, por supuesto, pero no es descabellado pensar que las notas que hayas tomado, los tiempos de lectura y horarios, etc. también se entreguen a la empresa.

Por otro lado, comprar en Amazon no es como comprar en una librería: se pierde el anonimato. Tu tarjeta de crédito y tu dispositivo de lectura te identifican claramente, y tus lecturas y gustos son conocidos por la empresa, que puede utilizarlos como quiera: para elaborar campañas de publicidad, para venderlo a otras empresas, para darlos a la policia, etc.

Y no olvidemos que tiene acceso y control sobre tu librería. Si decide retirar un libro de la venta o se produce un error informático, puede darse el caso de  que se elimine una compra legítima que hayas realizado de tu propio Kindle. De nuevo no hablo de hipótesis: esto ya ha sucedido.

 

5. Blanco y negro, poca resolución y tamaño fijo.

Si bien es cierto que la baja resolución de la pantalla de Kindle y que sea en blanco y negro es no solo suficiente sino excepcional para la mayoría de los libros, no quiere decir que lo sea para todos. Si compras un libro “en color”, con fotografías, con gráficos o con cierta información visual (mapas desplegables, por ejemplo), se verá mal en Kindle. Es un dispositivo pensado para las palabras, pero las imágenes más allá de la portada forman parte de muchos libros. Para todos estos, Kindle no es apropiado.

Y el tamaño es fijo. Kindle no cambia de tamaño por cada libro que lees: sus dimensiones son estáticas, mientras que los libros físicos son casi todos diferentes, adaptándose al contenido (y a la economía).

En Kindle se puede cambiar el tamaño de letra, pero si el libro se pensó para un formato amplio (porque por ejemplo tiene páginas con el texto distribuido en varias columnas), de nuevo nos encontraremos con un problema para que se vea bien en Kindle.

 

6. Solo tienes uno

Salvo que le sobre el dinero o sea un verdadero fanático, un lector tendrá a lo sumo un dispositivo Kindle. Todos los libros digitales estarán bajo el mismo chasis. Esto representa una ventaja enorme para el transporte, pero para usos concretos es un verdadero engorro.

Por ejemplo, si has comprado un estudio sobre Don  Quijote y también la propia novela de Cervantes, y ambos libros están en Kindle, no puedes consultarlos simultáneamente; no puedes tenerlos abiertos uno al lado del otro e ir leyendo uno mientras señalas párrafos en el otro. Para leer una novela esto normalmente no es necesario, pero todos aquellos lectores que quieran utilizar Kindle para trabajar necesitarán llevar los materiales de referencia fuera del dispositivo.

 

7. No permite personalización

No me refiero a poder elegir el color de la funda. Hablo aquí de cómo cada uno de nosotros trata sus libros: hay gente que dobla el lomo de los libros el primer día que los compra, hay gente que dobla las puntas de las páginas en las que encuentra frases interesantes, hay otros que toman notan en los márgenes y otros que subrayan en diferentes colores, etc. Con Kindle tenemos herramientas para subrayar y para tomar notas, pero tal y como las han pensado los ingenieros de Amazon. Sea tu sistema de lectura el que sea, debes abandonarlo y entrar por el aro de las utilidades que Kindle proporciona.

No quiero indicar con esto que las herramientas que están disponibles sean malas (que lo son) o inútiles (que no lo son), sino que no serán las tuyas.

 

8. Es tecnología

Como tal, resulta atractivo a los amigos de lo ajeno. No conozco casos de robo de un libro en la playa, pero un Kindle huérfano en una tumbona es… tentador. O en la piscina, o en un bar, o en un banco del parque. El hecho es que necesita vigilancia, lo que no ocurre con un libro (en general).

Igualmente, es un aparato delicado. La tierra de la playa, el agua y otros líquidos, los golpes de los niños, casi todo puede dañarlo, y es rígido. Requiere, en resumen, los mismos cuidados y precauciones que cualquier otro dispositivo electrónico.

Un libro físico, a la contra, es idóneo para llevarlo a todos sitios, sobre todo si es de tapa blanda: puede mojarse sin demasiado problema, resiste niños y arena y puede doblarse con tranquilidad.

 

9. La funda con luz no ilumina la página de forma homogénea

Kindle tiene una funda muy interesante que se alimenta de la propia energía del dispositivo y despliega una luz en el extremo superior derecho que permite leer en la oscuridad. Desconozco si nuevas versiones de la funda (u otras de terceras empresas) mejoran las capacidades, pero lo cierto es que la parte inferior de la página no está suficientemente iluminada al estar alejada de la fuente de luz y no ser esta regulable ni en posición ni en intensidad.

Tener la posibilidad de leer en un sitio mal iluminado es simplemente genial, pero esto no quiere decir que la funda no pueda (y deba) mejorarse.

 

10. No tiene el mismo encanto que un libro de papel

Dejo para el último el defecto más evidente y en el que creo que todos estamos de acuerdo. Con Kindle, todos los libros son el mismo libro. Da igual estar leyendo a Shakespeare, a J.J. Benítez o a Homero, el dispositivo siempre lucirá igual en tu mesa o estantería. Ningún libro llamará más o menos tu atención por su portada o lomo, ni tendrá un olor particular o un papel con una textura especial. Con un Kindle no podrás asociar recuerdos a una lectura como haces con un libro tradicional: el mismo dispositivo, siempre idéntico, será lo que veas en todas tus lecturas, memorables o patéticas.

 

Cierro este post reiterando lo que he dicho al principio de la entrada: como todos los productos, Kindle tiene defectos, algunos graves, otros ligeros; pero sus puntos débiles (para mí) no logran hacer sombra a las virtudes.

Sigo siendo un converso.


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